Los adultos tardamos mucho más tiempo picando una calabaza acompañados de los pequeños. También nos tardamos cuatro veces más iendo comprando la despensa al ir con ellos. Lavar los trastes acompañado de un chiquito termina pareciendo una actividad infinita que no limpia nada. Y aunque todo esto es verdad, caemos en la frustración porque no vemos un cuadro más amplio.
Somos seres interdependientes y formamos grupos de muchos tipos en cada experiencia de la vida. Algunos son fugaces como estar formado en una fila y otros perduran a lo largo de la vida, como la propia familia. Toda agrupación humana tiene el objetivo de lograr que sus individuos trabajen más allá de sí mismos y se unan a un propósito común por el bien de todos los que lo componen. Para propiciar la seguridad además de que los elementos crezcan y se ayuden entre sí.
La familia no es la excepción. De hecho es el fundamento y modelo de cualquier otra organización en nuestra sociedad. Los roles ahí desempeñados moldearán el resto de nuestra existencia.
La realidad es que el sostenimiento de una familia no es sencillo. Sin referirnos exclusivamente a la situación económica, sino a todas las situaciones adheridas a ella. Las dificultades de educación y formación de los hijos, la relación entre cónyuges entre muchos otros.
El asunto es que toda relación en la que estemos involucrados, sumará o restará en la vida de alguien. No conviene exigir a otros que sumen a nuestra vida, no está en nuestras manos lograr eso. Más bien la gran pregunta sería ¿Cuánto estoy sumando, yo, a la vida de otros?
Estamos en un tiempo donde llegar lo más lejos que podamos es sinónimo de éxito, subir de nivel, lograr la posición más alta posible. Como padres caemos en este engaño y lo extendemos a la vida de nuestros hijos. Pero contrario a esa inclinación natural, Dios nos da un camino mejor.
Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Mateo 20:26-27
Si sirvo a mi prójimo más cercano, entonces, mi familia será la primera beneficiada. Si sirvo a los que están a mi alrededor ellos alcanzarán su máximo potencial. Así que, si invierto en un pequeñito para que aprenda a picar calabazas, aunque se tarde mucho, estaré fomentando su esmero, su dedicación, esfuerzo; tendré una mejor relación y cuando crezca podré cobrar el cheque de mi inversión de tiempo, al tener un compañerito de vida, donde la sinergia hará su trabajo y dará su resultado, si a uno le va bien, a todos les empieza a ir mejor.
Servir para formar y ayudar a otros, nunca es en vano. A la larga rendirá su fruto.
Porque la multiplicación es realizar sumas de sumas para llegar a resultados enormes sólo por seguir los pasos en orden.
En casa todo suma si inviertes para sumar, entonces habrás multiplicado.
0 comentarios