Nos fijamos metas en la vida y a veces invertimos todo lo que tenemos para alcanzarlas. Entonces pueden suceder dos grandes tragedias: la primera que es, no lograr lo propuesto y vivir frustrados o la segunda que es, obtener lo que queremos y darnos cuenta que eso no nos da la felicidad. En ambos casos nos cuestionamos cuál ha sido la falla y la mayor parte de las veces el problema no es la meta, sino dónde iniciamos la carrera.
Los fundamentos son los cimientos sobre los que podemos descansar y edificar con seguridad, los que resisten el peso y sostiene nuestra vida, aquello sobre lo cual construimos, procedemos y avanzamos. Para nosotros, los que hemos nacido de nuevo, toda nuestra vida está sustentada en Dios, es un principio indispensable. Sin Cristo estamos perdidos.
Pablo nos dice en 1 de Corintios 3:10-11: Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
Si experimentamos fastidio o pesadez, más que pensar en nuestros objetivos valdría la pena reflexionar en nuestro punto de partida. Porque seguramente hoy estamos cosechando el gozo de haber puesto a Cristo en primer lugar o el dolor de no haberlo hecho.
Básicamente estos principios de Dios, son las prioridades que Él nos ha dejado en Su Palabra y de manera práctica lo que Cristo vino a enseñarnos a la tierra. Lo que Dios establece cómo importante, lo es para nosotros, no se ha dejado a nuestro criterio, porque Dios es soberano. Es Dios quien determina lo fundamental y en consecuencia la meta.
¿Quién es Jesucristo? Es el verbo de Dios hecho carne, es la palabra y la sabiduría divina. En su palabra lo conocemos, podemos encontrarlo. No es información en Las Escrituras la que perseguimos, es el encuentro con Dios mismo. Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. Juan 5:39
Así que cuando escudriñamos Las Escrituras en busca del Señor Jesús y encontramos principios bíblicos, en realidad lo que estamos haciendo es conocer a Dios y estos principios que se veían como asuntos académicos se vuelven la manera práctica de vivir. Son el motor de nuestra vida y entonces vivimos llenos de gozo y plenitud.
Así que los principios bíblicos, son los principios de Dios mismo. El fundamento firme y sólido para edificar nuestra vida y sobreedificar para nuestra eternidad. Este es un camino que llega a puerto seguro.
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